Cosas que pasan cuando eres azul

Que nadie soporta verte llorar.
Así que terminas llorando hacía adentro.

Que nadie soporta verte partir.
Así que terminan dejándote encerrada.

Que nadie soporta verte sufrir.
Así que te ríes sin ganas.

Que te quieren tanto a ti pero sin ti, que te desdibujan hasta que desapareces dentro del personaje al que tanto aman.

Y así no molestas a nadie.
Porque, ahí, nadie te escucha ni llorar ni gritar.

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Cuarentones jodidos

Soy de una generación de cuarentones que vive atrapada.

Nacimos en una sociedad ilusionada creyendo que por fin habían encontrado el camino.

A muchos, entre los que me incluyo, nos sacaron a la calle para ver el mundo y nos dejaron jugar alrededor de las tertulias. Esnifamos sin saberlo, lucha y deseos de libertad a partes iguales.

Nos durmieron cantándonos a Paco Ibáñez. Nos regalaron libros y nos hablaron de justicia.

Y a medida que fuimos creciendo, los que nos criaban pudieron descansar de la batalla contra el mundo y se centraron en cuidar de nosotros y de hacer sus vidas como ciudadanos corrientes.

Parecía que casi todo lo conquistable ya se había conquistado. Lo oscuro se había dejado atrás, y era el momento de dedicarse a una vida normal.

Así que los que les seguíamos, pusimos toda la pasión que nos habían inyectado en la creatividad de todo lo que nos rodeaba.

Heredamos a los Beatles y a los Rolling pero daba igual donde mirases, salían orgullosos hijos suyos por doquier. Somos una generación que creció pensando que la música “normal” eran la de los Dire Straits o los REM y que Santana o Clapton eran solo unos buenos guitarristas.

No los consideramos dioses porque estábamos tan rodeados de divinidades que no sabíamos ni identificarlas.

Las películas comerciales eran de Steven Spielberg, las de culto eran las de Bertolucci.

Leímos “El Nombre de la Rosa” casi sin darnos cuenta de lo que teníamos entre las manos.

Y así, llegamos a la juventud.

Y cómo fuimos educados para ser libres, lo fuimos. Algunos quizás lo fuimos demasiado. Mientras tanto, muchos también nos preparamos con la intención de ser la siguiente generación de jueces, escritores, filósofos, etc….que tomasen parte en las tertulias que tenían los asientos vacíos donde antes se habían sentado nuestros padres.

Pero en algún momento, el mundo se fue a la mierda.

En algún momento todo se plastificó y nos quedamos fuera del envoltorio.

Aquellos a los que admirábamos como defensores de la libertad y la justicia, comenzaron a sentarse en los consejos de administración de las empresa.

De golpe, ganaron los realities, ganaron las Kardashian, ganó el Instagram donde todos salen guapos y ganó el rege….reage…..ganó esa “música” de mierda que a mí me provoca ganas de tirarme a un pozo.

Y nos hemos quedado ahí. Jodidos.

Somos seres que han sido programados con un software que no está hecho para ser operativo en esta realidad.

Yo me siento muy perdida.

Algunos libros, alguna música y algunas películas me sirven como tiritas pero la realidad es que sigo sintiendo que estoy fuera de sitio y lo que es peor, no tengo ganas de adaptarme para encontrarlo.

Supongo que hay que aprender a vivir con un cierto vacío.

Yo qué sé….

Rebeldía

Tengo una duda, yo ¿contra qué o contra quién me estoy rebelando?

Nunca tuve normas.  La base de mi educación fue la libertad.

Hice todo lo que quería hacer en cada momento (salvando la obligacion de rescatar a los que no cuidaban de sí mismos)

Amé, follé, bebí, me drogué… incluso me destrui cuando quise hacerlo.

No tuve autoridad que me frenase y en cambio no he soportado nunca la autoridad.

Soy el ser humano más disciplinado del planeta pero porque quiero y en lo que quiero. No he tolerado jamas que me impongan disciplina.

Jamás me va bien en grupos porque siempre termino enfrentándome al que se erige en lider.

¿Por qué?

No sé contra que ni contra quién me rebelo y sería muy sano enterarme.

Cansa y quema.

El inconformismo este es una losa.

Si yo solo quiero estar tranquila y tumbarme en la alfombra esa que hay delante de la chimenea en todos mis sueños.

Ojalá alguien escribiese una guía de cómo va esto de la vida.

Estoy más perdida que de adolescente y con las tetas mucho más caídas, menudo negocio este de los años.

Menudo negocio…

 

 

Introducción: Cuando nace la luz

—No respira, está muerta —dijo de espaldas el curandero mientras se limpiaba las manos en un trapo viejo  —. Me la llevaré y se la daré al enterrador para que se deshaga de ella.

La mujer, tendida en el camastro ni siquiera se inmutó. Aquel bebé era un problema. Otra boca que alimentar en una casa donde la mayor parte de la tiempo se dedicaba a luchar contra el hambre que amenazaba con matarles a todos.

Lo único lamentaba aquella mujer, era haber tenido que soportar aquellos meses hasta el parto.

Aquel viejo curandero le había dicho que se había encargado de todo a los pocos días de darse cuenta de que estaba embarazada de nuevo, y jamás había fallado practicando un aborto. Pero esta vez algo había salido mal y mes tras mes su barriga creciente le iba informando de aquel primer error del viejo.

Pero ahora ya había solucionado solo. El problema se había arreglado y podía seguir intentando seguir adelante con aquella miserable y asquerosa vida que le había tocado en suerte.

Pero “el problema”, como su madre le había bautizado, era una niña especial. Un ser hecho de luz y fuerza que estaba llamada a no rendirse hasta llevar a cabo su cometido en este plano de la existencia.

No iba a rendirse ni ante la misma muerte por más que esta estuviese acostumbrada a ganar siempre frente a los débiles y vulnerables humanos.

Pero ella no era una humana más.

Así que, mientras el curandero guardaba sus bártulos, y mientras su madre intentaba descansar del parto, “el problema” gritó y lloró a pleno pulmón para anunciarles a todos que se habían equivocado con ella.

Y aquel, no fue más que uno de tantos errores de cálculo que iban a cometer con ella a lo largo de los próximos años.

Pero ellos, todavía no sabían lo mucho que tendrían que arrepentirse de aquella primera equivocación y de todas las que le sucederían.

 

Rotos

Empiezo a pensar que algunos estamos rotos por dentro.

Como tenemos músculos y piel, desde fuera parece, que seguimos intactos.

Pero solo hace falta empujarnos para escuchar el sonido de los fragmentos chocando unos contra los otros.

A veces, aunque queramos esconderlo, ese ruido se escucha simplemente cuando intentamos caminar.

Algunos aún sienten dolor. Otros ya se han acostumbrado a no estar enteros.

Y asi estamos, en músculos y piel, simulando que, no estamos rotos por dentro.

Yo estuve ahí

Y es que yo cuando interactúo con la gente no sé expresarme, tengo un problema de timidez que roza casi el derecho a una pensión por incapacidad social, así que escribo.

No puedo escucharte gritando y no salir corriendo a ofrecerte mi mano. Mira, no puedo. Y además no quiero. Y si molesto, pues molesté. Pero es que no puedo.

No sé por qué la frecuencia de los gritos es tan ajena a los oídos de la gente. A mí me retumban.

Y además, tengo esa teoría absurda de que existe un guionista del universo. Y creo que tú entenderás que a veces agradecerá que seamos personajes algo disciplinados. Y si nos pone en un sitio para hacer algo, en una situación evidente, que lo hagamos y dejemos de darle la lata que bastantes problemas tendrá el pobre con su propia vida.

Igual esto de dejar de respirar es como lo que pasaba en Harry Potter que solo si habías tenido la muerte cerca, podías ver aquellos animales tan raros que eran invisibles para el resto. Igual solo si tú has dejado de respirar, eres capaz de ver cuando hay personas que se están ahogando.

Es horrible. Horrible, horrible.

El dolor cuando pierdes el aire es insoportable. A mí ahora no me duele (así) pero si lo pienso todavía sé que que nunca he sentido nada tan terrible.

Era tan insufrible que me volvió una kamikaze. Pero da igual, es más fuerte que todas las formas de autodestrucción que puedas encontrar. No hay droga que lo tape. No hay cama donde duermas en la que no aparezca.

No hay mañanas en las que te despiertes no sé donde, con no sé quien, después de haberte tomado no sé qué, en las que no siga ahí, carcomiendote y minando todo lo que eres.

Y cada vez que intentas taparlo, cada vez que quieres luchar con él, se hace más fuerte y tú te debilitas más. Llega un punto en el que tu autoestima ya no existe.

¿Y sabes por qué es tan jodidamente poderoso? Porque en la desesperanza, todavía te queda esperanza.

Porque el muy cabronazo se alimenta de los recuerdos a los que vuelves una y otra vez para comprobar que aún eres capaz de sentir algo que no te haga sangrar.

Se alimenta de las veces  en las que le rezas a Dios y al Diablo para que todo se arregle y vuelvas a estar en ese lugar donde aún estabas vivo.

Sabe que te domina. Y se hace fuerte porque además, sabe despertar a todos los demonios que mientras respirabas estaban atados.

Porque supongo que esto va de demonios.

Hay que asumirlo, para que algo sea tan importante que te da la puta vida y te enseña a respirar tienes que venir cargado de demonios de antes. Las personas sin demonios no se entregan, no hacen el amor, no se funden. Simplemente matan el aburrimiento y el rato junto a otro ser humano al que le cogen cariño.

Y por eso cuando pierdes el aire, estás jodido. Porque los demonios vuelven a bailar y como son unos hijos de perra rencorosos, te hacen pagar aún con más intensidad que antes, el hecho de haberlos mantenido encerrados durante un tiempo.

No puedo contarte qué viene después. No puedo porque no estoy muy segura.

Pero si te vale de algo, a veces cuando la vida me aplasta, algo que hace con bastante frecuencia, pienso en que puedo mantener el orgullo porque yo sé que he respirado.

Y lo he hecho con toda la fuerza de mis pulmones. Es un ancla. Esa es mi ancla.

Igual esta no es tu historia. Igual solo es la mía.

Mira, yo qué sé, a lo mejor solo estoy como una cabra intentando que curen en ti unas heridas que son mías.

Sea lo que sea, entiende que no puedo evitar verte como un camarada y discúlpame el instinto ese de salir corriendo a echarte una mano que no me has pedido nunca.

No me lo tengas demasiado en cuenta, los cafés después de cenar a veces me sientan fatal.

 

 

 

Querido escritor del Universo:

Sabes que le tengo mucho respeto a tu profesión pero no estoy muy segura de que últimamente estés demasiado centrado en lo que estás haciendo.

Como personaje tuyo que soy, no tengo ningún derecho de inmiscuirme en tu proceso creativo, lo sé, pero siento que estás bastante perdido con las tramas que me afectan y he pensado que quizás no te vendría mal que te diese mi opinión al respecto.

Me voy a permitir ser sincera y directa y espero no ofenderte ni herirte pero es que te estás repitiendo demasiado.

Los problemas de siempre, vienen y van, una y otra vez. Están bien, crean algo de tensión pero al final por si solos no son un elemento que enganche.

Me da la sensación de que los años te han ablandado mucho y te estás volviendo un escritor demasiado costumbrista. Tú sabes mejor que yo, que por algo tú eres el escritor y yo solo uno de los personajes, que para que un argumento funcione, al menos en mi parte de la historia, tiene que ser intenso y desgarrador.

Hace poco me sorprendiste, pensé sinceramente que tenías pensado embarcarme en algo que literariamente tenía toda la fuerza y todo el sentido. Pero no sé por qué, al final, decidiste no continuar esa línea argumental.

Lo sé, aquí eres tú el que toma las decisiones, pero como tú me has creado y sabes perfectamente como soy,  a mí no se me va la idea de la cabeza de que ese argumento es el que debe continuar la parte de la novela en la que aparezco yo.

No sé, sinceramente no te entiendo muy bien. Supongo que quizás te hayas sentido culpable por algunos capítulos anteriores.

Pero no deberías. Según has ido escribiendo capítulos nuevos, cuando la tinta de aquellos ya había secado, he ido muchas veces a releerlos y me he alegrado mucho de haber podido ser la protagonista. Si al final hubiese terminado allí mi participación en este guión, habría sido un gran final y modestamente creo he hecho una buena contribución a la obra.

Espero que estés bien, me preocupa que este desánimo que veo en la trama de mi personaje no sea un reflejo de tu estado de ánimo general.

Ojalá tú estés bien y que lo único que ocurra es que te estás centrando en otras cosas. Ya sabes que todos los personajes nos vemos como principales y claro, si realmente somos secundarios y no tenemos demasiada importancia, nunca llegamos a saberlo.

Aprovecho para saludarte ya que no solemos hablar habitualmente y eso es algo que me da un poco de pena porque los escritores (…) llamáis poderosamente mi atención, pero sé que no es algo demasiado ortodoxo pretender tener una relación de amistad con el responsable de escribir el guión de tu propia existencia.

Aprovecho ya que estoy, para pedirte si fuese posible, si hay opciones para dejarme descansar un poco al menos las semanas que voy a estar de vacaciones. Últimamente me estás dando una hostia detrás de otra sin tiempo a rehacerme y empiezo a tener un poco de miedo a vivir. Creo que eso no es nada bueno y menos para un personaje como yo, que siempre he estado dispuesta a saltar de cabeza y sin pensar, a todos los charcos en los que has querido meterme.

Escritores del demonio 😉

Un abrazo fuerte,

Iria Bouzas (Personaje)